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Testimonio

Me siento en posición
La planta en mi

Me siento en posición

Me siento en posición de Buda, el chamán vuelca la ayahuasca en un pequeño vaso, lo sopla con tabaco y me lo ofrece, “Salud”. Bebo en dos tragos, tiene un sabor fuerte que permanece en mi boca y en mi garganta. Vuelvo a mi colchoneta, me siento con la espalda contra la pared y tomo un sorbo de agua para intentar que baje el mal sabor. La ronda continúa y antes de comenzar el viaje decido ir al baño, no quiero que mis deseos de orinar se interpongan en mi experiencia. Cuando vuelvo todas las luces están apagadas y no logro identificar mi posición. El chamán enciende un fuego y vuelvo a sentarme. Comienzo a sentir retorcijones en el estómago pero a la vez sé que está vacío y no habrá nada que devolver salvo mi alma. Eructo y comienzo a transpirar, me invade un calor en todo el cuerpo y me siento mareado. Escucho el sonido de una flauta y recuerdo el consejo del chamán: buscar asidero en mis isquiones, mi raíz, concentrarme en la respiración y dejarme llevar por el influjo de la música. Mi entorno empieza a perder los límites, el fuego se aleja y parece un punto lejano, la pared de enfrente también se aleja y la sala pierde su forma. Siento miedo, qué me está pasando, no quería tener esta experiencia y ahora no puedo hacer nada por evitarlo; pienso que me quedan largas horas de angustia y otra vez vuelvo al consejo del chamán, la respiración, la música repetitiva que habla de la naturaleza, de la madre tierra y la sabiduría. Traigo mis piernas contra mi pecho y las abrazo y me cubro parte del cuerpo con la manta; estoy en una canoa ingresando en el inframundo, las tinieblas. Cubro mis ojos para no ver el fuego lejano que me da temor. Una pesadilla, tengo que resistir; respiración y música. Qué les pasa a mis dedos, parece que se derriten al igual que mis labios, me tomo la cabeza con las manos como para recibir el embate y concentrarme. El canto del chamán se multiplica y las figuras blancas que recorren la sala se transforman en fantasmas. A mi lado los ruidos de eructos, vómitos, respiraciones profundas y bostezos me cercan e incrementan mi pánico. Estoy muerto o muy cerca de la línea divisoria. Solo veo una salida, dejarme llevar, dejar que mi cuerpo pierda forma y se diluya, se absorba al universo, de nada vale resistirse…, debo dejarme llevar por el Icaro. Abro los ojos y observo con mezcla de miedo y de placer mandalas verdes, amarillos y azules que giran con lentitud. Prefiero cerrar los ojos… Y simplemente ocurre. Mi familia me rescata de la muerte; A, B, y C, están conmigo y siento un amor enorme por ellos y me inunda una felicidad inconmensurable. Tengo la certeza de que hice lo correcto y que su amor me sostiene en la vida y en este viaje. C luce espléndida con su pelo repleto de bucles y sus movimientos danzarines, a veces duerme y a veces baila y me sonríe. Me doy cuenta de que estoy más allá del tiempo y del espacio y realmente estoy con ellos en mi casa; B duerme y le doy un beso y se despierta y le digo que lo amo con todo mi corazón y también se lo digo a A que sonríe y me abraza, y estamos los cuatro juntos en casa, en el universo. Aparece mi padre y al principio siento miedo porque algo siempre me separó de él y temo que mi viaje se convierta en una mala experiencia. Nada de esto ocurre, me inunda una sensación de perdonar y ser perdonado y le digo que lo amo. Comprendo que me dio la vida y que hizo lo mejor que pudo. Nos abrazamos y luego aparece mi madre, mi hermana D y luego E y F y siento por ellos el mismo amor. La música me envuelve y me pregunto si no estaré en una dimensión real, más real que la del mundo material que rodea nuestro cuerpo, en donde no existen ni tiempo ni espacio, una dimensión espiritual en la que mi alma puede trasladarse a donde quiere y en el lugar del tiempo que lo desea; un navegante en la red de espacio-tiempo relativista. Pienso en la red de espacio tiempo que muchas veces vi dibujada: ondulaciones de líneas verdes por donde me deslizo y me pregunto si no será esta la verdadera realidad, adonde va el espíritu luego de la muerte, por toda la eternidad o hasta que vuelva a encarnar, el devachán del budismo, el nirvana. Abro los ojos y muchos chamanes bailan los ícaros y me sumo a su canto porque formo parte de él, Marirí, Marirí, Marirí, pero uno de los chamanes me pide silencio y en respuesta mis brazos se elevan al aire para bailar con formas geométricas, los cruzo y los elevo y mi cabeza y mi torso son movidos por la música de la naturaleza. Luego junto mis manos en posición de rezo y las elevo al cielo, Buda está a mi lado y también Jesús y comprendo toda la espiritualidad generada por la humanidad porque la humanidad es espíritu. Estoy en casa con mi familia, en la sala con los chamanes y en la selva escuchando todos los ruidos que le dan vida y que también me la dan a mí. Y de repente estoy en el living de la casa de mi infancia con mis padres y hermanos y también mis hijos y mi mujer. Está encendido el fuego y allí en el balcón que da a la calle está la zona oscura, la zona de temor. Ese balcón y el patio de abajo siempre ejercieron un sentimiento negativo sobre mí. ¿Estará asociado a la relación conflictiva con mi padre? No lo sé pero estoy dispuesto a averiguarlo y salgo al balcón y veo el patio. Mi abuela vivía en la planta baja pero ahora no se hace presente. Allí, en la zona oscura, aparece un demonio, el famoso chivo con el pentagrama invertido en la cara, y siento temor de que esta imagen me lleve a lugares a los que no deseo ir pero esto no ocurre. La imagen permanece pero no es amenazante; luego desaparece y vuelvo a estar en el living con mis padres y comprendo que lo que haya pasado allí ya no tiene tanta importancia. Aparece JJ y veo su vida, también aparece K y L y M. Les digo que todo está bien y ellos, y en especial M, saben que es así. Veo sus imágenes en sepia en Zurich, París e Irlanda. Justo en este momento (me sorprende la enorme casualidad), los chamanes cantan sobre la conexión con nuestros ancestros. Y me pregunto si no seré la reencarnación de JJ y si tendré éxito con mi emprendimiento y me contesto a mí mismo que ya no tiene tanta importancia, es probable que lo logre y algo me dice que así será, pero ya no tiene importancia porque soy el universo y entiendo su plasticidad; me siento una molécula que se estiró y se adicionó al universo y a la madre tierra, al cosmos. Le doy vuelta a la palabra plasticidad y la repito varias veces en mi interior, plasticidad, plasticidad, plasticidad, la palabra se estira y me pregunto si existirá en el diccionario pero tampoco importa porque comprendo perfectamente su significado, el universo es plástico, yo también lo soy y somos fácilmente fusionables. Los chamanes repiten la palabra ayahuasca y me doy cuenta de que soy la planta y su raíz, estoy en la naturaleza, soy la naturaleza, la savia de la ayahuasca recorre mis venas. Y me pregunto como puede ser tan sabia para haber creado una medicina legítima que nos conecte tanto con ella y que nos devuelva a lo esencial de la creación. ¿Y como la habrán descubierto los antiguos maestros? Mi cuerpo me pide acostarme en posición fetal como si fuera a nacer de nuevo y tuviese que volver al vientre de la madre tierra, de la pachamama. Comienza a sonar una melodía en el charango, es un canto de cuna y siento que soy arrullado por la matriz del universo y que aunque no duerma estoy descansando como nuca, curado por la medicina. Me doy vuelta en la misma posición y observo el fuego lejano que ahora forma parte de la seguridad de mi matriz y de repente siento que estoy en mi cama con mi mujer al lado. Pero no, estoy en la colchoneta con una almohada en posición fetal, comenzando a despertar de nuevo a la vida, renovado, sintiendo el universo y el amor, lo sagrado de la vida, de la mía, de la de los míos y lo sagrado de la vida de toda la humanidad. 

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